La distancia no es la herida,
la herida somos nosotros,
humanos que aun no aprendemos
a amar sin ver,
a escuchar sin oir la voz.
Porque el amor verdadero
no necesita presencia,
no exige cuerpos
ni manos que se alcancen.
El amor habita en al corazon,
late en silencio,
y existe incluso cuando el espacio separa
lo que el alma ya eligio unir.

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