Nos volvemos adictos
a quienes saben tocarnos sin manos.
A quienes no estan,
pero nos hacen sentir
peligrosamente vivos.
Y esa intencidad, cuando
se confunde con amor,
se vuelve costumbre,
se vuelve hambre,
se vuelve adiccion.
Porque quizas no duele
perder lo que nunca se posee,
pero si duele dejar de sentir,
lo que solo ellos saben provocar.

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