Pensar que ibamos a durar toda la vida
era bonito cuando soñabamos,
y en ese momento, sin duda,
era verdad que una mentira
destruye todos los sueños.
El problema no fue la promesa en si,
sino creer que nada, absolutamente nada,
iba a cambiar, y si, cambio todo.
Porque la vida sigue, las personas
cambian y algunas historias terminan
simplemente porque cumplieron su ciclo.
La nuestra historia fue una de ellas.
Y aunque comprendo la razon, me sigo
lamentando que lo bueno siempre
tenga que durar tan poco...

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